Siento que me consumo poco a poco, como un cigarro que dejan sólo en algún cenicero, ceniza mis pies, mis piernas, mis brazos, mis manos, mis dedos, mis labios... hasta que me recuerda, olvidada en aquel cenicero, pero ya es tarde, aunque aún piensa en darme la última calada, tener el último de mis sabores, demasiado tarde, me deshago en cuanto me coge de nuevo, sé que ahora siente la rabia de dejar que me consumiera, sé que me olvidará en cuanto se encienda otro cigarro.

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